Para los aficionados a las hisitorias policiales del siglo 20, pocas aventuras se comparan con la fascinante e ingeniosa fuga de Alcatraz que protagonizaron tres reos en 1962 con cucharas robadas, cabezas falsas y una balsa hecha con impermeables.
Sin cuerpos. Para Marie Widner y Mearl Taylor, la espectacular huida desde la Roca es un asunto familiar. Las dos mujeres de Florida son las hermanas menores de John y Clarence Anglin, quienes junto con otro reo llamado Frank Morris, escaparon de la prisión federal de Alcatraz hace 50 años. Si los tres hombres perecieron en la fría bahía de San Francisco, como insistían en ese entonces los agentes federales, sigue siendo tema de fuertes especulaciones porque sus cuerpos nunca fueron encontrados.
De 36 reos de Alcatraz que trataron de huir antes de que la prisión fuera cerrada en marzo de 1963, los tres son los únicos que no se han encontrado, de acuerdo con el Cuerpo de Alguaciles de Estados Unidos, que todavía tiene órdenes de arresto contra Morris y los Anglins.
“Siempre he pensado que lo lograron y nunca he cambiado de opinión al respecto”, dijo Widner, de 76 años.
Los hijos de Widner arreglaron la visita de su madre y su tía a Alcatraz porque ellas querían, según Kenneth Widner, “aclarar algunas cosas equivocadas que se dijeron sobre los chicos” luego de su improbable fuga y que se volvió una leyenda popular en las prisiones y convertida en un libro y en una película de Clint Eastwood.
Al igual que Morris, los hermanos Anglin purgaban sentencias por robar bancos, pero fueron anteriores intentos de fuga, junto con un fallido intento por sacar a Clarence de la prisión federal en Leavenworth, Kansas, lo que hizo que los trasladasen a Alcatraz en 1960 y 1961.
Buscan rastros. El policía judicial federal Michael Dyke, que heredó el caso sin resolver en 2003, coincide con el relato de las hermanas.
Dyke no sabe si alguno de los tres todavía está vivo. Sin embargo, ha visto suficiente evidencia que le hace dudar que hayan fallecido durante la fuga, lo que hace necesario seguir el rastro a 250 pistas y reportes de avistamientos, incluso los más descabellados. El agente recibe pistas cada dos o tres meses.
Las pistas que considera más tentadoras son reportes verosímiles de que la madre de los Anglin recibió durante años flores sin tarjeta y que los hermanos asistieron a su funeral en 1973 disfrazados con ropa de mujer a pesar de la fuerte presencia de agentes del FBI.
Una perspectiva estadística también lleva a la autoridad a pensar que al menos uno o dos de los que escaparon sobrevivieron al peligroso cruce la bahía, dijo Dyke, porque los cadáveres de dos de cada tres personas que se extravían en la bahía de San Francisco son recuperados. “Tenemos que dar por sentado que lo consiguieron”, indicó.
Si los Anglin o Morris alguna vez se rinden o son localizados, Dyke aseguró que los arrestará. Los fiscales federales entonces tendrían que decidir si les presentan cargos. Las órdenes de arresto expiran cuando una persona cumple 100 años.
El FBI obtuvo casi toda la información del gran escape por un cuarto reo que planeaba participar en la fuga, pero que en el último minuto tuvo problemas técnicos.
Se dijo que los cuatro pasaron meses usando cucharas y tenedores para excavar hoyos en la desgastada mampostería que rodeaba las ventilaciones de sus celdas. Los estrechos espacios que tallaron consiguieron con el tiempo perforar las paredes de 16,5 centímetros de ancho hasta que alcanzaron una esquina de cableado eléctrico, desde la cual pudieron escabullirse por una ventilación del techo.
Además fabricaron una balsa y chalecos salvavidas con unos 50 de los impermeables de algodón y forro de caucho que les asignaban a los prisioneros, dijo Jolene Babyak, autora de “Breaking the Rock”.
También elaboraron cabezas de maniquíes con papel, pintura y cabello que consiguieron en la peluquería de la prisión. Dejaban las cabezas en sus camas mientras trabajaban en la balsa y las usaron en la noche de la fuga.
Babyak tenía 15 años y vivía en Alcatraz cuando a su padre, el director adjunto del penal, le avisaron por teléfono el 12 de junio de 1962 que tres prisioneros se habían escapado la noche previa, hacía ocho horas.
Ella está menos convencida de que alguno haya sobrevivido. Dada la exhaustiva investigación del FBI y los que han pasado, Babyak piensa que hubiera surgido evidencia más concreta si Morris o los Anglin hubieran vivido para contarlo.
