Sin pretender ser demasiado riguroso en este análisis, ayudado esencialmente por la memoria y la experiencia de haber participado en un tramo de la historia que cuento, quiero resaltar diversos hechos que muestran la agitación constante en que se ha desenvuelto la vida institucional del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
No es secreto que en la historia del Partido Blanco hay situaciones muy dolorosas que han desgarrado a esta agrupación, es como si el sosiego estuviera prohibido en el PRD. Bastaría un poquito de memoria para ver que estas luchas de hoy reeditan las que vivimos antes.
Filiberto hablaba de la salida de Bosch en el 1973, que estuvo precedida por los enfrentamientos de éste con Peña Gómez y una parte de la dirección. Lo que sigue es una larga lista de luchas internas, divisiones, tensiones y eventos dolorosos.
La historia del PRD, donde inicié mi militancia política siendo apenas un adolescente, parece estar signada por la desgracia. El suicidio de Don Antonio Guzmán, en plena transición de gobierno es un hecho que abona esta percepción. El trágico desenlace para un hombre bueno y una familia honorable estuvo directamente relacionado con las pugnas internas, que incluyeron el distanciamiento de Peña Gómez, quien juró no pisar nuevamente el Palacio en aquella administración de gobierno, y las amenazas de persecución judicial que hacía el grupo Jorge Blanco, para entonces hegemónico en el PRD.
A menos de un año de aquel evento doloroso, muere Manuel Fernández Mármol, el vice de Jorge Blanco. Su deceso fue de causas naturales (una afección cardíaca, si mal no recuerdo). Leyendo fragmentos del discurso que pronunciara el presidente, me llamó la atención el énfasis que hacía JB de la serenidad y la paz que conservaba don Manolo, en medio de un clima tan caldeado como el que se vivía en el PRD. Casi al final de sus palabras, aquel 21 de enero de 1983, se lee lo siguiente: “Dios quiera que su muerte sirva para cicatrizar las heridas lacerantes dentro del Partido Revolucionario Dominicano; y que su partida se constituya en un permanente recuerdo para vivificar la realidad de su unidad e indivisibilidad, y que todos bebamos en su ejemplo edificante” (http://rsta.pucmm.edu.do/biblioteca/html/dominicanos2/salvador/discursosocaf.htm)
El ruego de Salvador Jorge Blanco no llegó a su destino, nuevas heridas se abrirían para separar al liderazgo perredeísta, socavando las bases para una continuidad en el poder. Tan profundas y sangrientas fueron aquellas pugnas a mediados de los 80’s entre Jacobo, Peña y JB que resucitaron a Balaguer, el cadáver político de que habló Fello Suberví Bonilla.
Catorce años le costó al PRD rearmar un proyecto que les retornara al poder. Hay quienes dicen, me incluyo en esa lista, que el mérito correspondió a Peña, cuya muerte avergonzó a sus detractores y el pueblo dominicano saldó una deuda histórica con el mítico líder, cuya vida fue un martirio de principio a fin.
Un presidente condenado a 20 años de prisión, acusado de corrupción, y las muertes prematuras de PG y JM parecen tener su génesis en las tensiones y divisiones en que vivieron su liderazgo al interior del PRD. Pero la historia reciente, de 2004 a esta parte, no parece ser diferente. Ahí está Hatuey y su lucha antirrelección que terminó sacándolo del partido; Milagritos, la sobrina desagradecida de Don Juan, que ha llegado a ser una caricatura, al igual que Fello, Virgilio y otras víctimas del grupismo perredeísta.
El nuevo capítulo de la conflictiva vida institucional del PRD ha comenzado a escribirse en estos últimos meses, HM y MVM son los nuevos gladiadores. No se vayan, esto se pone bueno, y ojalá que la sangre no llegue al río, como ya ha sucedido en el pasado.

