La política, aunque muchos la toman como un pasatiempo de la democracia o una forma para escalar posiciones sociales, hay que considerarla, en estos momentos de globalización, como lo que es: Una ciencia y nada más.
El Presidente Barack Obama, de Estados Unidos, es uno de esos estrategas de la ciencia política, aún como líder joven. Hay quienes hasta hacen sátiras con él, pero si se toma en cuenta que su país era racista, porque los tiempos ya lo hicieron cambiar, debemos señalar que es un gran manejador del sentimiento mayoritario de la política.
Hoy, con todos los problemas que tiene Estados Unidos, Obama se perfila como el ganador de las elecciones venideras. Los migrantes extranjeros saben que fueron los republicanos los que tuvieron mayor incidencia para que su Presidente, George Bush, no pudiera pasar la Ley que favorecía a millones de indocumentados.
La totalidad de esas personas, especialmente mexicanos, son llevados a Estados Unidos por extranjeros nacionalizados, que votan en ese país, y que se sintieron “golpeados” en los comicios pasados por la oposición republicana.
Sólo hay que recordar que Bush hizo todos los movimientos con su Partido Republicano en busca de cuatro votos para pasar la Ley Migratoria y una gran parte de sus legisladores rechazaron la propuesta.
No es que los demócratas son santos. Un sector de ellos también obstaculizó la aprobación de ese proyecto, pero Obama, según las informaciones que estoy recibiendo desde esa nación, está aplicando medidas estratégicas que ya están favoreciendo a los migrantes.
Una reelección de Obama hace más bien que daño, debido a que su intención es la de que haya menos guerras motivadas por Estados Unidos, aunque eso no significará el fin. ¡Siempre ellos harán guerras, porque es parte de su flujo de dinero!
Los votantes norteamericanos tienen que escoger lo mejor para su país y Obama sigue significando una esperanza para la paz en muchas naciones. También mejoría para los migrantes.
Y es que en la política siempre hay que fundamentar las acciones basadas en las estrategias.
En el caso del permanente conflicto regionalista que existe entre la capital y el Cibao con Santiago a la cabeza, las elecciones pasadas acentuaron esas diferencias.
Aunque los líderes económicos del Cibao, los cuales toman las decisiones desde el Edificio Empresarial de Santiago, no expresan su inconformidad política de manera pública, se sabe que están inconformes porque en las candidaturas presidenciales, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ganador de los comicios, pero perdedor en la zona cibaeña, no está tomando en cuenta a ese sector.
Basado en ese principio, la decisión de esa entidad de ratificar a Abel Martínez como presidente de la Cámara de Diputados, no va a solucionar el conflicto, pero baja un poco la “presión”.
No fue que el empresariado apoyó a Hipólito Mejía, que también cometió el grave error de escoger a Luís Abinader para la candidatura vicepresidencial, quien es hijo de un tamborileño: Rafael Abinader.
Con esa elección, que también evitó un acuerdo con Miguel Vargas Maldonado, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) presentó a dos cibaeños en las candidaturas presidenciales, dejándole al hábil Presidente Fernández la oportunidad de “agarrar” sostenidamente al gran Santo Domingo.
Esa “guerra” fue resuelta por el Movimiento Marcelino Vega, del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), dándole a Santiago las dos Vicepresidencias, aunque en los comicios pasados la dirección cometió el grave error de señalar, desde la capital, a sus candidatos, lo que le provocó la derrota de las cuatro planchas que presentó, incluyendo la local.
¡Así funciona Santiago y el Cibao!
El PLD debe entender que hay un país que funciona, en torno a las decisiones, con dos regiones. En el Cibao no se votó mayoritariamente en contra de Danilo Medina, Margarita o el liderazgo de Leonel Fernández. Se votó en contra exigiendo, como los mudos, una cuota política.
Como todo parece indicar que la candidatura presidencial PLD será del área de Leonel, desde ya hay que comenzar a trabajar para complacer a los cibaeños que dirigen desde Santiago, otorgándole la candidatura vicepresidencial. Juan Bosch entendió ese problema perfectamente y designó al empresario José Francisco Hernández como su compañero de boleta en 1990. ¿Por qué no ganó? Usted conoce esa parte de la historia política.
La postura fue tan radical que no fue posible cambiar el panorama eleccionario, ni siquiera con las multimillonarias inversiones públicas que hizo el gobierno en al región.
¡Ahora hay tiempo para pensar y recordar que el liderazgo social del Cibao tiene su enseñanza!
-Gracias por su lectura.

