Parte de ligero la familia de doña Casandra Damirón, al querer prohibir a la Asociación de Cronistas de Arte de la República Dominicana, el uso del nombre de la folklorista dominicana para los Premios El Casandra. Desde el primer momento la intención ha sido honrar y magnificar el nombre de esta artista, nombre y trayectoria, que es patrimonio nacional, y no solo ya de esa familia.
El que está vivo oye cosas que los muertos jamás pensaron oír. En la primera versión de El Casandra, en abril de 1985, transmitida por Tele Sistema, la primera gala, que entonces se desarrolló con doce renglones, El Soberano fue otorgado al maestro Luis Rivera (esposo de Casandra). Desde entonces toda y cada una de las entregas del ceremonial es editada con la proyección del nombre, la recordación a Casandra y la presencia de la familia.
Entonces, que la familia de la fallecida folklorista Casandra Damirón advierta a la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte), que ya no puede seguir usando ese nombre para la premiación que desde hace 27 años se realiza en su honor es incomprensible, porque tal parece que pretendan enviar el nombre al anonimato.
Desde la frialdad del comunicado “La Soberana”, dicen: “Hemos tomado la decisión de retirar la autorización para que el nombre de nuestra madre siga siendo utilizado como parte de la premiación conocida como Premios Casandra o El Casandra”.
Anja, y es así, oiga que hay que estar vivos para oír cosas de las que los muertos nunca pensaron enterarse. Reconfirmando la clavada del puñal, el documento, firmado por Luisa Rivera Damirón de Noboa, José E. Rivera Damirón y Andrés J. Moreta Damirón, señala que la decisión fue notificada a Acroarte de manera oficial y mediante acto legal, el 26 de julio.
Oh, oh… Y los argumentos, tan triviales, corregibles e intranscendentes: El argumento principal es que la premiación viene alejándose en las dos últimas entregas de las normas que “han regido la premiación en cuanto a su contenido y razón de ser”. Entre los aspectos que objeta la familia Damirón figuran, “la ausencia de la pluralidad de géneros musicales que caracterizaba al espectáculo, la entrega alegre de premios a artistas internacionales de corta trayectoria y a veces señalados en casos de conducta moral cuestionada que le restan valor al Casandra”.
Igualmente cuenta la familia, que la presencia de Casandra Damirón en la gala artística realizada en el Teatro Nacional Eduardo Brito ha ido desapareciendo. –Eso es obviamente, a la vista pública, falso. Lo de arriba es en contra de la evolución de la música, lo cual difiere de la naturaleza de la homenajeada en su calidad de folklorista; y por otra parte, sobre el argumento de que no se ha reconocido en los premios los aportes iniciales de Barceló, hay más tiempo que longaniza!
Se puede solucionar lo de los asientos incómodos e inmerecidos, según ellos, eso es percatas minutas. También todas las demás quejas; no sé si la forma y las motivaciones reales que le mueven se puedan solucionar. Y además, finalmente, se puede arreglar lo de cambiar el nombre, eso es fácil, tenemos de sobra opciones. El primero que se me ocurre: Premios María Montés.

