Por Juan Bonilla
Casi siempre las opiniones que emito son “un verdadero problema” pero por suerte nunca hago caso a los disgustos y aplausos que originan “las cosas” que escribo o digo por televisión.
Como esas cosas me tienen sin cuidado, planteo abiertamente lo que creo. Y en este asunto de las primeras designaciones del nuevo presidente, Danilo Medina, hay decisiones que no le veo justificación.
Yo creo, por ejemplo, que con Monchi Rodríguez se ha cometido una gran injusticia. Su férrea lealtad al presidente Medina, su entrega al trabajo y su principalía política en Santiago están muy por encima del cargo donde se le nombró.
Monchi merecía una posición pública más elevada e influyente porque se la ganó con años de trabajo, sacrificio y entrega al proyecto político de Medina. Es el presidente del PLD, fue regidor y diputado y jefe de campaña en Santiago.
Así es que entiendo que con Rodríguez se comete una enorme injusticia cuando se le nombra director de Comedores Económicos. No digo que el cargo es malo, sino que él debió ser nombrado en una posición más poderosa.
Yo creo que lo del amigo Bauta Rojas, el más exitoso ministro de Salud Pública que ha tenido el país, no tiene sentido. Ir al ministerio de Medio Ambiente después de su contundente éxito, es sencillamente inexplicable.
¿Y Alma Fernández? Ocho años en el Instituto Nacional de la Vivienda (INVI) y ahí está ratificada en su posición.
¿Y César Pina Toribio? Se había filtrado que quería irse a la vida privada pero extrañamente “baja” de ministro de la Presidencia a Consultor Jurídico otra vez.
Y así aparecen varios casos que justifican el desaliento, el desconcierto y el desencanto con que ha reaccionado la opinión pública luego de los primeros nombramientos del presidente Medina.
Ahora bien, donde verdaderamente se está haciendo “lo que nunca se había hecho” es con las destituciones de funcionarios y la forma como están siendo enviados a sus casas.
El presidente Fernández siempre fue cuidadoso, prudente y distinguido con los dirigentes del PLD que sustituía de una posición y nunca lo dejaba “en el aire”. En horas van más de 40 que están en sus casas.
Hasta ahora, en caso específico de Santiago, ha llamado la atención el “envío a sus casas” de dos dirigentes de la categoría, influencia y trabajo de José Izquierdo y Hamlet Otáñez.
¿Los dejarán fuera de la administración pública en el gobierno del partido que tanto “se mataron” para que ganara las pasadas elecciones? Esos son los detalles que extrañan de la actividad política.
Todavía es muy rápido para adelantar opiniones definitivas, pero no hay dudas que lo de Monchi Rodríguez es una gran injusticia y la forma como Izquierdo y Otáñez fueron “enviados a sus casas”, debería corregirse de inmediato.
El caso del influyente Fernando Rosa, danilista a carta cabal, un dirigente del PLD a tiempo completo y un poder político en Santiago, es entendible: él quería ir al Fonper y ahí lo nombraron.
Seguimos aquí en breve con nuevas evaluaciones.

