Qué se puede alegar contra Julio César Valentín el candidato a senador? ¿Quién osaría restarle mérito a base de mentiras y fábulas muy propias de los torneos electorales? ¿A caso hay atrevidos que se aventuren a injuriar su trayectoria de éxitos en el vano empeño de debilitar su vasto apoyo popular? ¿Aparecería alguno de la acera del frente que ponga entredicho su abierta y natural grandeza humana?
Julio César Valentín es un hombre probo y un postulante limpio que goza de atributos humanos y políticos que le distancian de muchos laborantistas de la política criolla.
A pesar de su juventud y de lo relativamente corta de su carrera política, Julio César Valentín se ha forjado como un producto político con marca propia e incuestionable fuerza de mercado.
Pocos como él, en el contexto de la cosecha política a la que pertenece, reúnen características tan peculiares que les confieren el poder de diferenciarse hasta brillar y destacarse donde otros políticos se reducen y opacan.
Julio César Valentín tiene el carisma que muchos envidian, concentra atributos y bondades que sólo son inherentes a seres humanos que se colocan por encima de las apetencias y debilidades personales, y que valoran sin condiciones la naturaleza humana del ser social que inspira su quehacer político.
Se trata un político abierto, cristalino, sensato, receptivo, responsable; se trata de un ser humano franco, sincero, amigo, cercano, asequible…se trata de un representante fiel y auténtico de una generación llamada a dar continuidad y a profundizar la ejemplar obra de gobierno de líderes históricos y prodigiosos como el doctor Leonel Fernández Reyna.
Esas características distinguen a Julio César Valentín y han forjado su mejor carta de éxito, pero al propio tiempo, constituyen el norte de una trayectoria cargada de satisfacciones propias y ajenas.
Ahí reside el fundamento de sus méritos como legislador y presidente de la Cámara de Diputados, como fiscal, y más que todo, ahí radica el causante de su liderato cuajado en las amplias simpatías forjadas al calor de la valoración humana, el respeto a la dignidad ajena y el alto sentido de compromiso sano con un pueblo que le ha visto empezar y lograr alturas en su ruta indefectible hacia la grandeza.
Julio César Valentín se distancia de otros que se acostumbran al vulterismo vulgar, al tráfico con las necesidades de los más humildes y a las lisonjas. Es diferente a los que suplantan a las gallinas cuando se trata de cacareos vacíos sobre obras de papel; Julio César Valentín prefiere la complicidad de una satisfacción espontánea que brota libre y discreta entre los beneficiados de una de sus múltiples prácticas de soluciones comunitarias, religiosas, institucionales, de hogares y familias humildes, antes que asaltar a los medios con propaganda muchas veces condicionada.
Por eso Santiago marcha al unísono con su candidatura como senador de la provincia. Por eso Santiago acogió su propuesta y el próximo domingo 16, simplemente formalizará un triunfo que se ha constituido en aspiración, determinación y deseo de las amplias mayorías.
Julio César Valentín representa la oportunidad de oro para alcanzar en el Senado de la República, una interlocución eficaz, sin traumas, transparente y de indoblegables compromisos con las más nobles y auténticas aspiraciones de Santiago.
Sólo con él Santiago podrá más.
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